Efectos de la atención lectora

«El miedo es un estado que me fascina. Es casi hipnótico, hasta diría trascendental por más místico que suene, en el sentido de que te pone fuera de todo control racional. Estás con la piel viva, tan asustada que a veces hasta se suspenden tus prejuicios y lo único que querés es entender qué tan peligroso es el monstruo que estás mirando a los ojos. Hay algo de atención absoluta, de espera abierta. No importa si estoy leyendo o escribiendo, siempre avanzo buscando este espacio porque hay algo en mí que ahí se despabila y se enciende, es difícil de explicar. Pero para volver a tu pregunta de las estrategias, sé que si de verdad quiero marcarle al lector un momento en un texto, tengo que intentar ir hacia ese lugar. No se trata del miedo en sí mismo, quiero decir, sentir miedo porque sí, andar regocijándose de terror en terror, no sé si eso me interesaría tanto. Lo que busco es la atención que se abre cuando se entra en el espacio del miedo. Imaginate que querés contarle un secreto a un amigo, en la vorágine de las ocho de la mañana de la estación Retiro: ¿creés que tu amigo te prestaría atención? Ahora imaginate que, de pronto, todos los pasajeros, los guardas de seguridad, los boleteros, los vendedores, todos, desaparecen, salvo vos y tu amigo, y con un gesto le das a entender que ese alucinante silencio tiene que ver con lo que le estás por decir. ¿Te prestaría atención? Ese es el estado al que me refiero. Quizá ni siquiera sea algo tan grandilocuente, sino la simple sensación de que hay otro dispuesto a apartarse un momento de sus propios pensamientos, y prestarte verdadera atención. No encuentro milagro más hermoso.»


Samanta Schweblin

En entrevista con Silvina Friera para Página 12, 25 de febrero de 2025

El espacio, el personaje

"La luz de la luna entraba desde el jardín y delineaba los bordes de todas las cosas. Más platos sucios, más botellas vacías, pilas de libros, ropa en el suelo y colgando de los sillones, paquetes abiertos de papas fritas. Yo nunca había visto algo así y recuerdo estar atenta a la cara de mi hermana para entender qué estaba pasando, qué era ese lugar, qué estábamos haciendo. Temía que cualquier ruido me hiciera gritar. Trataba de no pensar en el ventilador, pero la imagen de un par de pies suspendidos cerca del piso me perseguía. De un salto mi hermana dejó la mesita, di un manotazo para agarrarla pero ella, como siempre, ya estaba más allá. Cruzó el living y se asomó al pasillo. Yo me acerqué en puntillas esquivando las cosas del suelo, por dentro me decía a mí misma no grites, no hagas ningún ruido, hasta que ya estaba otra vez con mis dedos agarrados a su remera y mi cara contra su espalda. Entonces pasó lo del gato, que es un detalle que se me quedó grabado. Al fondo la oscuridad era una boca negra en la que no podía adivinarse nada, y ahí aparecieron, a la altura del piso, dos ojos amarillos que nos miraban. No parpadeaban, ni siquiera se movieron cuando mi hermana dio un paso hacia ellos. Estaban tan quietos que parecían un extraño adorno iluminado por dentro. Así estuvimos un rato hasta que el gato al final giró la cabeza. Dimos un salto, y él empujó una puerta entreabriéndola apenas y se metió en una habitación. Mi hermana lo siguió, mi mano perdió la tira de su jumper y con unos pocos pasos más ella ya estaba adentro."

Fragmento de «La mujer de Atlántida». Samanta Schweblin, El buen mal (2025)

Algunas notas sobre EL ESPACIO en la narración

Alejandro Marcos, "Mucho más que cartón piedra. El espacio" [Fragmentos]


El espacio, como el tiempo, es una dimensión esencial del texto narrativo. Su construcción nos ayudará a dar verosimilitud y credibilidad a nuestras historias, hará que el carácter de los personajes se complete sin resultar explicativos y, en ocasiones, será el que provoque el conflicto.

[...]


La ambientación es una categoría más subjetiva. Depende de la actitud del personaje o del narrador hacia el espacio narrativo; y, por lo general, de los sentimientos asociados al mismo (ya sea de forma habitual, o solo durante esa narración).

Cuando unimos el espacio narrativo y su ambiente, obtenemos la atmósfera del relato.

[...] 


Las principales funciones del espacio son: ambientar, caracterizar personajes o generar conflictos.

[...] 

El espacio simbólico es el conjunto de elementos que, en una narración, refleja o representa la situación psicológica o emocional de cualquiera de los personajes - principalmente el protagonista-. O, si se prefiere, el uso significativo del espacio narrativo para representar el estado mental de un personaje. Un personaje abatido en un entorno otoñal de lluvia y frío, la derrota del villano sucedida por un luminoso amanecer, etcétera, pueden parecernos - con razón - situaciones manidas y tópicas, pero nos sirven de ejemplo.

El espacio puede servir como correlato de esos estados mentales cuando lo que sucede en él es una representación más o menos cifrada de lo que les sucede a los personajes, o de la propia trama del relato.

[...]


Las descripciones detalladas no siempre son recomendables. Es cierto que sumergen al lector en la historia, aumentan la verosimilitud y ambientan y sitúan la acción; pero tenemos que sopesar si eso es eficaz en el caso que nos ocupa, y si una descripción demasiado pormenorizada no irá en contra de la esencia misma del cuento - brevedad, condensación-. Quizás estemos desviando la atención del lector de lo importante. Nuestro consejo es centrarse en determinados elementos esenciales para la trama y ambientar a partir de ellos. 

[...] 


Es habitual comenzar describiendo el tiempo que hace o el lugar en el que se encuentra el personaje, pero es un lugar común que debemos evitar. ¿Por qué? Por la misma razón que no son recomendables las descripciones minuciosas. Estamos escribiendo un cuento, todo lo que no sea información relevante para el argumento o la trama debe evitarse en la medida de lo posible.

[...] 


Por último, no debemos olvidarnos de usar los cinco sentidos en nuestras descripciones espaciales. A veces tendemos a concentrarnos en un sentido determinado cuando describimos - generalmente la vista-, pero en correcciones o revisiones posteriores es recomendable buscar un equilibrio entre los otros sentidos y tratar de incluir el gusto y el olfato, que son los más complicados y, al mismo tiempo, los más potentes. Recordemos la descripción de una calle que decía Umbral que hacía Pío Baroja, escribiendo únicamente que «era larga y olía a pan».


Fragmento de Escribir cuento: Manual para cuentistas de Escuela de Escritores. Páginas de Espuma, 2020.

CENA EN LA CAPOTA

Cena en la capota: crónica del guaracheo taponístico de hoy

Cezanne Cardona


La autopista PR-22 me está invitando a cenar. Y lo sé porque, en medio del tapón, una valla publicitaria digital anuncia un costoso perfume y el precio del bistec machacado de un supermercado. Todas las señales están ahí: la tarde cae como espagueti sacado de la lata y una guagua pick-up lleva un jueguito de mesa para dos en la cajuela. El leve bocineo hace rato que funciona como una banda de jazz de fondo y el verdísimo mogote donde antes estaba el vertedero de San Juan, al lado de Plaza Las Américas, es nuestra mejor vista. Ni siquiera ha faltado la típica malacrianza restaurantera: el sujeto que está dos carros más adelante acaba de tirar una bolsa de papitas fritas a la brea con el mismo estilo zafio del bumper sticker que bautiza el trasero de su carro: “Si este auto es conducido negligentemente llame al 1-800-que-se-joda.”


Mis hijos no se han dado cuenta de nada porque están hipnotizados en sus teléfonos, y en parte no los culpo: después de los tapones post huracán María o los que le siguieron tras los sucesivos apagones, este tapón les debe parecer una monga odisea. Y hasta es posible que me informen, usando una aplicación de sus celulares, cuánto durará el tapón. Alguien dijo que la nostalgia es el Photoshop de la memoria y le creo porque -de pronto- extrañé los tapones de mi adolescencia, las conversaciones familiares en el carro, el arte de tirar las monedas en el peaje, las rutas alternas y la resignación. Añoro ese “Lávame” imperativo y cariñoso que algún extraño escribía con el dedo en el cristal trasero del carro, y hasta quiero de vuelta los reclamos de mis padres para que me quitara los audífonos del walkman y aprendiera a escuchar el mundo. Así recordé aquella escena de La guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez, en la que una multitud se trepa a las capotas para averiguar el misterio de la congestión vehicular: “El choferío completo, la grey pasajeril completa, está encaramada, sobre las capotas, para averiguar qué carajo pasa allá adelante: pregunta desorbitada preguntada por los que tienen acceso a las posiciones privilegiadas desde las cuáles se aprecia qué carajo pasa allá adelante. Pero qué se ve, qué se ve. Se ve como si toda la avenida fuera un parkin subterráneo. Un mar de chatarra se ve. Pero qué se ve, qué se ve. Se ve que el mundo se va a acabar truncado en un tapón”.


Ahora que pertenezco a la toyotacracia empobrecida, descubro que envejecer es eso: contarles a nuestros hijos lo que se ve desde la capota del carro, acaso la última alfombra mágica que nos queda. ¿Aguantará la capota de mi Toyota Yaris el peso de mis fantasías de tapón? Por miedo a que se hunda la lata, apenas estiro el cuello y lo que se ve es el mismo tapón que describió La guaracha, hace cuarenta y seis años, actualizado por una suma mogolla de carriles, salidas, puentes, ampliaciones, reducciones, construcciones, drones anaranjados y un precipicio de vallas publicitarias anunciando: planes médicos, selladores de techo, placas solares, nuggets, depilación láser, cannabis medicinal, nacionalismo cervecero o de acetaminofén, y liturgia de queso y bacon saliendo de dos panes bíblicos. ¿Qué se ve? Por suerte, los puntos cardinales de nuestra literatura nacional también están hechos de miradas de acantilado: en la montaña y al borde del barranco, Silvina mira el cauce del río; a ras del agua, el bebé Melodía gatea por las tablas enclenques del caño; en el litoral norte, Pirulo mira el mar por primera vez; y justo en el corazón del Área Metropolitana La guaracha nos retrata a todos nosotros, al borde de las capotas de los carros, mientras esperamos, cuchicheamos, fantaseamos, enfurecemos, amamos y bailamos.


¿Qué se ve? Se ve que el radiador es el santo cáliz y que el coolant es nuestro mejor vino. ¡Grand Cherokee que estás en los cielos, santificado sean tus estribos! Venga a nosotros el Toyota Tercel con ese gancho de ropa preguntón como antena de radio. Danos hoy nuestro Corolla de cada día. Perdona esa pick-up Mazda que tiene escrito atrás: “Los favores empiezan en $30″. No nos dejes caer en la lujosa utopía automotriz del gobernador Pierluisi. Y líbranos del Tesla, del Maserati y del Lamborghini. ¿Qué se ve? Se ve que toda esa grey acaba de salir de misa, poseída por un digno deseo neandertal de volver a casa para contar la abultada antología de nuestras esperas: “Mi tapón fue más largo que el tuyo”; “Mi espera fue más desesperante que la tuya”; “Esperé dos horas, tres, cinco”; “Estuve todo el día esperando.”


Así empiezan todas nuestras historias y, por eso, la espera es nuestra verdadera épica nacional. Aquí se espera a Dios, a los extraterrestres, al Mesías, o al chupacabras, de la misma forma en que se espera por los fondos federales, las Navidades, el verano, la independencia, la estadidad, el premio gordo de la lotería, y por ese rayo justiciero que destruirá -por fin- la máquina que cobra el maldito peaje que nos legó la pax fortuñista. No hay quien lo dude: la espera es el milagro caribeño que mejor hemos pulido, pues sin esa bendita prórroga ni se suda ni se llora, ni se intima ni se ama.


Casi medio siglo después, La guaracha nos sigue recordando que la espera suele escoltar la soledad del universo y, a la vez, prolonga el dolor hasta convertirlo en alivio. No por casualidad, hace años, una cotizada valla publicitaria mostraba -en letras blancas y fondo negro- un versículo bíblico de nuevo cuño: “Si continúas usando mi nombre en vano yo pudiera prolongar la hora del tapón”. Por algo, cuando vemos un choquecito leve entre dos carros, decimos: -tiernos e irónicos- “esos dos se dieron un besito”. Y como esa aparenta ser la causa de todo este tapón, solo me resta convidar a mis hijos a la capota para anunciarles que la cena está servida.

 

 

Tomado de El Nuevo Día, 28 de marzo de 2022; publicado también en Leer antes de usar, Folium 2024 pp 39-41 bajo el título «Cena en la capota»

 

 

 

Glosario para MARTES DE CARNAVAL (1930) de Valle-Inclán


*Los términos están en el orden en el que aparecen en el texto.


Galas del difunto

Pistolo:  pistolero
Tapadillo:  prostíbulo
Daifa:  ramera, en voz de germanía[1], muy utilizada por Valle-Inclán.
Coima:  encargada de un prostíbulo, en voz de germanía.
Patillas:  nombre popular del diablo.
Mosca:  dinero, aflojar la mosca:  pagar
Haciendo la jarra:  con el brazo en jarra, es decir, doblado en ángulo y con la mano descansada en la cadera.  En otros contextos, hacer la jarra es pagar.  Está sacado de la actitud que adopta una persona al doblar el brazo para llevar la mano al bolsillo.
Sorche:  soldado.  Denominación humorística, procedente del inglés soldier.
Paloma:  téngase en cuenta que paloma es a menudo, en lenguaje jergal, prostituta (y palomar “mancebía” se halla ya documentado en el Siglo de Oro).
Un pasmo:  fórmula ponderativa coloquial.
Llave:  órgano sexual masculino
Timo:  agudeza, réplica ingeniosa
Por un casual:  por casualidad
Punto:  individuo, un hombre listo, tunante, pícaro
Trola:  mentira, voz popular
A los redaños:  construcción elíptica de corte popular:  a [juzgar por] los redaños (a juzgar por los bríos)
Mambises:  plural de mambís, nombre dado por los españoles a los independentistas cubanos
Doblar:  morir, voz procedente del ámbito taurino
Galones:  tiene aquí el sentido de jefes militares profesionales, del mismo modo que fajines equivale a generales
Gachí:   mujer, gitanismo
La oreja:  se refiere a la oreja que se otorga a veces como premio tras una faena taurina
Camama:  engaño burdo
¡No robaran ellos como roban en el rancho y en el haber!:  Crítica de la guerra colonial
Tumbar:  matar
Todo quisque:  variante del pseudolatinismo jocoso cada quisque:  todos, todo el mundo
¿Pues de dónde me das?:  ¿Pues de dónde supones?
Ravachol:  François Ravachol (1859-1892), célebre anarquista francés cuyo primer acto delictivo fue la violación de una tumba.
Duro romanonista:  no es seguro el sentido de este término, derivado del nombre de Romanones, destacado político que fue varias veces ministro y en dos ocasiones presidente del Consejo.  Acaso pueda significar duro madrileño, es decir, auténtico - por oposición al duro sevillano.  Romanones, criticado muchas veces por su tacañería, fue teniente de alcalde y alcalde de Madrid.
Beata:  peseta
Pelado:  desplumado, sin dinero
Calvorota:  aumentativo de calvo, que juega con el valor dilógico de pelado
Madre: encargada de un prostíbulo, en voz de germanía
Erisipel:  deformación popular de erisipela, inflamación de la piel
Ahuecar (el ala):  marcharse
Dar (la) boleta:  despedir, expulsar
Cruces pensionadas:  las que tienen asignada una renta anual
Las que me cuelgan:  equívoco malicioso, ya que las “gracias” que “cuelgan” no son únicamente las cruces.
Pelma:  aquí, sust. fem: conversación prolija, voz frecuente en comedias y sainetes; equivalente a cháchara, en puertorriqueño
Hacer changa:  hacer trato, llegar a un acuerdo, galleguismo
Calvario:  el pecho lleno de cruces, chiste frecuente.
Lilailo:  cachivache, cosa sin valor
Hacer tilín:  agradar
Palabra ... de Alfonso:  irónica alusión al rey
Café, echar café:  berrinche
Ojo del boticario: vitrina de la farmacia donde solían guardarse los medicamentos de más valor
Manflota: aumentativo de manfla, prostituta, aunque su significado propio es prostíbulo.  A veces Valle-Inclán lo usa con valor impreciso.
Coruja:  lechuza
Virote:  tonto
Aparente: apariencia
Ser uno como unas ortigas:  ser áspero y desapacible en su trato y en sus palabras (DRAE)
Traste:  trasero; poner una brasa en el traste:  enfurecer
Picardía:  dicho deshonesto
Arrecido:  estremecimiento
¡Guau!:  variante de la negación coloquial ¡miau!
Boleta:  cédula que se entrega a los militares para facilitar su alojamiento
Rosma:  gruñido
Rehúso:  reacio
Soturna:  triste, melancólica
Grillos:  es decir, las botas rechinan con cada pisada
Trúpita:  borrachera
Por veces:  arcaísmo por “a veces”
Angulizarse:  doblarse en ángulo, neologismo
En hopo:  acaso “erizado”, dado el significado propio de hopo, rabo o cola que tiene mucho pelo o lana
En cohete:  como cohete, construcción galicista
Rampa:  trepa, asciende
¡Centellón!:  interjección frecuente en los personajes de Valle-Inclán
Retablo (de dolores, de duelos):  persona en la que se acumulan muchas desgracias.
Pasar un aire:  variante del giro coloquial dar un aire, dar una parálisis
Viaje; por muchos viajes que le tirásemos:  cuchillada
Pimplar:  beber
¡Gachó!:  hombre, gitanismo
Paquete:  hombre que sigue rigurosamente las modas y va muy compuesto
Flux:  traje masculino completo
De ganchete:  del brazo
Camelar:  seducir, gitanismo
Apoquinar:  pagar
Salir avante:  locución de origen náutico, llegar a buen fin en una empresa
Chispón:  achispado, vino que achispa
Barbián: individuo simpático y decidido
La media:  fórmula abreviada de la locución no saber de la misa la media:  ignorar una cosa o no poder dar razón de ella (DRAE)
Los papeles:  los periódicos
Hacer la rueda:  rodear, cercar, adular
Petenera:  fantasía, despropósito
Pelado al cero:  variante de pelón, ignorante
Panoli:  apocado, tonto
Se me da:  me importa
Las calderas de Pedro Botero:  es denominación jocosa y popular del infierno
Fiambre: cadáver, en un registro coloquial
Changa: cambio, trueque
Pollo petenera:  variante de pollo pera, joven afectadamente elegante
Paduano: probable adopción del gallego paduano, atontado, y cruce semántico con pagano, el que paga
Rejo:  fortaleza
Parneses:  plural del gitanismo parné, dinero
Solfeo:  zurra, paliza
Ojo nigromante:  Ojo del boticario
Rapista:  barbero
Machaquito:  apodo del célebre torero cordobés Rafael González Madrid (1880-1965).
La Imperio:  Pastora Imperio, célebre bailarina
Najarse; irse de naja:  marcharse, gitanismo
Finústico:  derivación jocosa de fino
Algarero:  parlero, alborotador
Conservarse afónico:  callarse, circunloquio humorístico
Hacer piernas:  Dícese de los hombres que presumen de galanes y bien formados (DRAE)
Menda:  yo, gitanismo
Bordo:  equivale a bordada, paseo corto y repetido
Pinturero:  dícese de la persona que alardea ridícula o afectadamente de bien parecida, fina o elegante (DRAE)
De mistó:  estupendo
Mandilón:  cobarde
Cecear:  llamar
Barbi: apócope popular de barbiana, simpática, hermosa
Dar el opio:  excitar, despertar la apetencia
El rey de los ochos:  creación hiperbólica relacionada a la expresión “ser más chulo que un ocho”, derivada probablemente del tranvía madrileño número 8, que tenía su cochera junto a la Bombilla - y se establece, por tanto, la equiparación entre chulo y ocho.  El rey de los ochos será el más chulo de todos.
Madre Celeste:  equívoco malicioso, ya que celeste es adjetivo relativo a cielo y, al mismo tiempo, un derivado regresivo de Celestina.
Changüi:  engaño
Boquillero:  charlatán (porque habla de boquilla)
Busiles:  dinero
Veragua:  billete de Banco
Galocho:  indolente
Ganado:  pupilas de la mancebía
Estirar el remo:  estirar la pata
Luz de donde el sol la toma:  frase que corresponde a la carta que don Juan envía a doña Inés en el Tenorio de Zorrilla. En la misma obra se refiere a doña Inés como garza enjaulada y paloma privada de libertad.




Los cuernos de don Friolera

Picardeo: de picardear, decir o ejecutar picardías; enredar (DRAE)
Arambol: balaustrada de una escalera
Don Estrafalario y don Manolito:  algún crítico ha querido ver en estos dos personajes contrafiguras de Baroja y Unamuno.  Zamora Vicente señala que los modelos lejanos son el escritor belga Émile Verhaeren y el pintor Darío de Regoyos, cuyos viajes cristalizaron en el libro conjunto España negra, publicado en 1899.
Orbaneja:  Se ha recordado la anécdota que cuenta Don Quijote (II, 3), “el pintor de Úbenda, el cual preguntándole qué pintaba, respondió:  lo que saliere”.  Cardona y Zahareas señalan que “Orbaneja se convirtió en sinónimo de mal pintor, y a veces, se aplicó a los pintores de vanguardia de principios de siglo”.  J. M. Lavaud nota el guiño con que Valle alude a don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja.
Calamocano:  ebrio
Manés:  hereje persa del siglo III, fundador de la secta de los maniqueos[2].
Bululú:  farsante que representaba él solo, en los pueblos por donde pasaba, una comedia, loa o entremés, mudando la voz según la calidad de la personas que iban hablando (DRAE)
Bolichera:  dueña de un boliche o cantina; encargada de un prostíbulo, en lenguaje de germanía.
Ros:  especie de sombrero con visera, introducido como prenda del uniforme militar por el general Ros de Olano.
Picar la nuez:  matar
Moña:  muñeca
Encismar:  irritar, alterar, enfurecer
Dar mulé:  matar, gitanismo.
Pispajo:  sexo de la mujer
Dar baqueta:  castigar, locución procedente del léxico militar, pasar la baqueta.
Zurrar el pandero:  pegar
Fogaril:  jaula de aros de hierro dentro de la cual se enciende lumbre (DRAE)
La raya de Portugal:  para huir
Higa:  gesto de desprecio ejecutado con la mano, cerrado el puño, mostrando el dedo pulgar por entre el dedo índice y el dedo del corazón (DRAE)
Conejera, adj:  larga y estrecha
Prosero:  charlatán
Joselito:  José Gómez (1895-1920), famosísimo torero muerto en la plaza de Talavera de la Reina.
Manuel García y Cuesta, Espartero, torero sevillano nacido en 1865 y muerto en Madrid, corneado por el toro Perdigón en 1894.  De él se escribieron innumerables coplas.
Literatura de cordel: impresa en pliegos sueltos, todavía extraordinariamente popular a finales del siglo XIX.
Bocanas:  bocanadas, corrientes.  Una bocana es un paso estrecho de mar que sirve de entrada a una bahía (DRAE).
Espanta: acepción neológica de espantar
¡Friolera!:  interjección que el personaje utiliza a menudo y de ahí se deriva el apodo con que se conoce al teniente Astete (nombre intencionado, ya que evoca el del autor de un famoso catecismo cristiano).
Carajuelo:  diminutivo de carajo con la acepción de miserable
Pupila:  astucia
La mosca en la oreja:  se aplica al que está receloso y prevenido para evitar alguna cosa (DRAE)
Vainípedo:  derivación humorística sobre vaina, tonto, acaso por cruce con bípedo.
ángel del hogar:  acuñación especialmente frecuente en la literatura lacrimosa y sentimental de la segunda mitad del siglo XIX.  El ángel del hogar es, incluso, el título de una revista que comenzó a publicarse en 1886.
Coronar:  poner los cuernos
Y cuando lo supo mató como un héroe a la mujer, al asistente y al gato:  forma amputada del modismo hasta el gato, a todos, sin excepción
Joló: provincia meridional de Filipinas, donde se desarrollaron algunas campañas previas a la independencia de las islas
Torcedor:  cualquier cosa que ocasiona persistente disgusto, mortificación o sentimiento (DRAE)
Mal ángel: ruin, andalucismo
Mandria:  cobarde, apocado
Salir rana: defraudar, frustrarse la confianza que se había depositado en esa persona o cosa
¡Pim! ¡Pam! ¡Pum! : expresión familiar que indica tiroteo seguido;  también es evidente la alusión a un entretenimiento de barraca de feria, consistente en derribar muñecos de trapo a pelotazos
Quepis:  gorra ligeramente cónica y con visera horizontal que, como prenda de uniforme usan los militares en algunos países (DRAE)
Gachona:  mimosa, insinuante
Chanelar:  entender, gitanismo
Perlada:  excelente, nítida
Rejalgares:  propiamente se trata de  rosas de rejalgar, planta utilizada como antiespasmódico
Jarabe de pico:  palabras sin sustancia
Bureo:  jolgorio, diversión
De su muerte:  muerte natural
Vivales:  astuto, desaprensivo
Pipi:  tonto, ingenuo
Papeles:  credenciales, títulos
Ventolera:  chiflado
Pupila:  cuidado, preocupación
Sellado:  cerrado
Un por demás:  un exceso, una exageración
Camelar:  atraer, seducir
Guasa:  burla
Inverosímil:  por indiferente, fue una ingenuidad jocosa muy frecuente en el habla coloquial de principios de siglo
Escalas buchonas:  sonidos propios de las palomas
¡Lagarto!:  Interjección familiar andaluza
Pingona:  colgante
Dar convoy:  acompañar
Marchoso:  airoso, garboso
Pedales:  en el sentido de zapatos
Carric: especie de gabán muy holgado, en uso en la primera mitad del siglo XIX.
Peneque:  embriagado
Ninche:  tonto, incauto;  pero a menudo se usa como vocativo, como “hombre” o “amigo”, etc.
Cambiazo: un cambio que empeora la situación anterior
Hoy pone la cucaña en el Pico de Teide:  Frase no documentada, pero cuyo sentido parece claro:  cifra su ganancia en una cantidad muy alta.
Desvanecerse: envanecerse, enorgullecerse
Pacotilla: de poco valor
Quiñón:  parte que uno tiene con otros;  aquí la cantidad que percibe el funcionario del Cuerpo de Carabineros a cambio de no dificultar las actividades de los contrabandistas
Desavío:  por analogía, desarreglo, daño
Káiser:  se refiere a Guillermo II, emperador de Alemania, nacido en 1859, que se vio obligado a abandonar el trono en 1918, al concluir la Guerra Europea
Como está Barcelona:  Alude a las alteraciones sociales de Barcelona, con huelgas y atentados de todas clases, a lo largo del año 1919.
Hacer estaciones:  detenerse de trecho en trecho
Cisma:  disputa, pendencia
Farolón:  ostentoso, vano, amigo de llamar la atención
Campanada:  escándalo
Cae de rodilla, abre los brazos:  parodia de frase común en Echegaray
El mundo me la da, pues yo la tomo:  palabras de la escena final de El Gran Galeoto, de Echegaray
Hopada:  del sustantivo hopa, vestidura al modo de túnica o sotana cerrada
Paraíso portugués:  la colcha portuguesa
Demonio tentador:  frase excesivamente usada en la literatura hagiográfica
A pique de:  a punto de
Nudo gordiano:  referencia a la historia del nudo que Alejandro Magno deshizo corándolo;  remiten también al drama El nudo gordiano de Eugenio Sellés (1878) y con cuya trama tiene Cuernos varios puntos de contacto en clave paródica.
Jaque:  bravucón, perdonavidas
Vitola:  aspecto
Turco:  el celoso, por antonomasia.
Se constituya:  se presente
De mala data:  enfurecido
La Esposa Mártir:  título de una novela popular del folletinista Enrique Pérez Escrich
Naturaca:  naturalmente
Mosca:  Pelo que nace al hombre entre el labio inferior y el comienzo de la barba
Expediente:  medio, procedimiento
¡Vas a freírme los hígados de ese pendejo!:  amenaza hiperbólica recogida a menudo, con variantes, en la literatura de los saineteros.
Pápiros:  billetes de banco
Numerario:  dinero en efectivo
Gavía:  vela que se coloca en el mastelero mayor de las naves (DRAE);  subirse a la gavia, para Valle-Inclán, es enfadarse
A mí, plin:  me da igual
Mochales: loca
Un viva la Virgen:  persona alegre, gastadora, nada juiciosa y poco reflexiva
Emplumar:  poner plumas para afrentar, como se hacía con las alcahuetas
Machacante:  duro, moneda de cinco pesetas
Marrajo:  toro o buey malicioso que no arremete sino a golpe seguro
Penetrarse:  comprender, enterarse
Manró:  pan, gitanismo
Macaneo:  broma insulsa
Patacón:  moneda de plata de una onza
Guipar: ver, observar
Matuteo:  matute, esto es, acción de eludir el impuesto de consumos en la introducción de mercancías
Sacar un ánima del Purgatorio:  hacer una buena obra
Cegar:  sobornar
Pelanas:  individuo insignificante
Potroso:  sucio, mugriento.  Voz común en Andalucía.  J. M. Lavaud relaciona erróneamente el vocablo con potra, enfermedad de los testículos, y deduce que Valle-Inclán ataca aquí “a una pretendida virilidad de los militares”.
La absoluta:  la licencia absoluta, la baja
General Morillo:  Pablo Morillo (1778-1837), distinguido en numerosas acciones de la guerra de la Independencia y, posteriormente, capitán general de Galicia.
Dar en la cresta a uno:  mortificarlo
Murat:  general francés y rey de Nápoles (1767-1815);  cuñado de Napoleón, era jefe del ejército francés en España cuando sucedieron los hechos del 2 de mayo de 1808.  Murió fusilado tras una fallida expedición contra los Borbones organizada desde Córcega.
Bragado:  enérgico, valiente
Gabachos:  denominación despectiva aplicada a los franceses.
Lord Wellington:  general que dirigía en España las tropas aliadas en la lucha contra el ejército de Napoleón
Tagalo:  lengua hablada en Filipinas
Mindanao:  isla del archipiélago filipino
Lo que cuelga:  lo demás, pero también expresión obscena
Bata:  niña, voz tagala
Nipis:  tela fina casi transparente, voz tagala
General Martínez Campos:  profesor en la Escuela de Estado Mayor, intervino en las guerras de África y Cuba.  Proclamó a don Alfonso XII rey de España en el célebre pronunciamiento de Sagunto (1874) y desempeñó diversos cargos políticos.
Posturita:  huevo, claro que con sentido figurado y obsceno
Apuntamiento:  resumen o extracto que de los autos forma el secretario de sala o el relator de un tribunal
Este cura:  yo
Gorigori:  voz con que se alude al canto lúgubre de los entierros (DRAE)
Jiponcio:  forma compuesta mediante la fusión del andalucismo jipío, modulación de la voz, y soponcio, desmayo.
Tiberio:  alboroto, escándalo
Juelga:  forma andaluza de juerga
Cotillona:  aumentativo de cotilla, murmuradora
A dengues y perendengues:  remilgos y adornos de poco valor, emparejados para significar apariencias, falsedades
Picotear:  murmurar
Disimular:  perdonar
Remangue:  gesto decidido
Podre:  podrido, galleguismo
Corito:  desnudo
Guillado:  loco, chiflado
Volada:  inquieta, en ascuas
Repolluda:  persona gruesa y chica
Finchado:  neologismo, posiblemente de afincado
Serpentón:  variante de culebrón, mujer entrometida y cargante
Pelón:  persona miserable
Rey niño:  Alfonso XIII
Falda bajera:  enagua
Pelma:  persona cargante, molesta
Papalina:  borrachera
Llevar a la plaza:  exhibir
María Guerrero: gran actriz teatral, primerísima figura de la escena española (1868-1928)
Gran Galeoto, Pasionaria...:  Las obras mencionadas son acaso las más características de la escuela de Echegaray.
Vesubios:  volcanes
Festejar:  obsequiar, galantear
Gonce:  forma arcaica de gozne
General Polavieja:  Don Camilo García, marqués de Polavieja (1838-1914), capitán de Filipinas (1896) y ministro de la guerra (1899).  Adviértase el deliberado anacronismo:  los hechos narrados en el romance ocurren en el 1921.  El general Polavieja había muerto.
Campos de Melilla:  alusión a la guerra de Marruecos, 1921.
Prim:  Juan Prim, general y estadista (1814-1870).
Trena:  cárcel




La hija del capitán

Sinibaldo Pérez es el Capitán Chuletas de Sargento, padre de la Sini
El General Glorioso, amante de la Sini (o Sinibalda), también recibe el mote del “Pachá” y “vencedor de Periquito Pérez”, pero se llama Agustín Miranda.
Don Joselito Benegas es el Pollo de Cartagena.
Espioja:  despioja
Golfante:  derivación de golfo, deshonesto, holgazán, pillo
Astrágalo:  anillo, figura que forma en este caso el bucle del cabello
Verderol:  equivale a verderón, verdoso
Mucama:  sirviente, americanismo
Sacar:  reconocer, identificar
Pegásela:  engañar
Tirar el pego:  jugar con trampas, engañar
El Huerto del francés:  así se conoció una vivienda cordobesa a la que dos desaprensivos atraían aficionados al juego y los asesinaban para robarles.  Sirvió para designar cualquier lugar poblado por ladrones y maleantes.
Chance:  casualidad, galicismo
Política:  cortesía
Pirante:  bribón
La Marcha de Cádiz:  popular canción decimonónica perteneciente a la zarzuela Cádiz.  En la obra acompaña la escena en que los soldados españoles se aprestan a la lucha contra los invasores franceses.  Al compás de la canción embarcaron los soldados españoles destinados a luchar contra la flota norteamericana en Cuba.
Flux:  traje
Manatí:  fusta hecha con piel de manatí
Postinero:  engreído, afectado, que se da importancia
Machada:  acción supuestamente viril
Colgar:  atribuir, imputar
Guateque:  festín, americanismo
La descargada:   carta en que se ha puesto menos dinero;  tirar la descargada, hacer trampas
Sumaria:  en el procedimiento criminal militar, sumario de actuaciones para preparar un juicio
baza de órdago:  baza es número de cartas que en ciertos juegos de naipes recoge quien gana la mano;  de órdago es fórmula ponderativa, grande, magnífico, excelente.
Menda:  yo
Toreo:  prostitución
Timoteo:  derivación humorística de timo
Andoba:  individuo, gitanismo
Moñas:  lazos
Guita:  dinero
Al pelo:  a medida del deseo, felizmente
Empalmado:  con la navaja oculta
Ventolera:  determinación irreflexiva
Alpiste:  comida, manutención
Pestaña:  ojo
Timbera:  derivación de timba, partida de juego de azar
Donillear:  neologismo de donillero:  fullero que agasaja y convida a quienes quiere inducir a jugar (DRAE)
Correr la pinta:  llevar el naipe en el juego de la pinta
Camastrón:  persona disimulada
Albur:  las dos primeras cartas que saca el banquero en el juego del monte (DRAE)
Viejales:  derivación popular de viejo
Pisaverde:  hombre presumido y afeminado, que no conoce más ocupación que la de acicalarse, perfumarse y andar vagando todo el día en busca de galanteos (DRAE)
Apré:  sin dinero
Devoción:  juego con el término beatas (dinero)
La última de Apolo:  la sesión postrera del teatro Apolo que solía comenzar a partir de las doce menos cuarto de la noche.
Vinoso:  bajo los efectos del vino
Campanario:  cabeza
Matar la bicha:  Ricardo Senabre piensa que se refiere a un paso de baile
Asornado:  adormilado, del gitanismo sornar, dormir
Pata: suerte
Por sopas:  de memoria
Encaminar:  dar el viático, prevención de lo necesario para hacer un viaje
Lipuda:  de labios gruesos
Peón de brega:  torero subalterno que ayuda al matador durante la lidia
Sagastino:  perteneciente al Gobierno de don Práxedes Mateo Sagasta (1825-1923) que fue presidente del Consejo de Ministros en 1871 y durante el reinado de Alfonso XII en 1901.
Tonguista:  que practica el tongo, trampa que hace uno de los participantes en los partidos de pelota, carreras de caballos, dejándose ganar por razones ajenas al juego;  se refiere al empresario de frontones, pelota vasca.
Evident:  forma catalana del vocablo
A tuertas:  al revés de como se debe hacer
Pelado al cero:  ignorante
Ver de inifinitivo:   procurar
Mano izquierda:  habilidad o astucia para resolver situaciones difíciles
Hacer la jarra:  pagar
Tomar el olivo:  marcharse
Dar pasaporte:  matar
Planchazo:  desacierto o error por el cual la persona que lo comete queda en situación desairada o ridícula
Rotario:  neologismo, giratorio
Enfriar:  matar
En solfa:  en ridículo
Grajo:  periodista
Fiambre:  cadáver
Machada:  aquí, ocurrencia disparatada
Marrajo:  astuto, malicioso
Capitán Sánchez:  alusión al autor histórico del crimen en el que se inspira Valle-Inclán;  Manuel García Sánchez fue condenado y ejecutado por la muerte y descuartizamiento de Rodrigo García Jalón en 1913.
Aciclonada:  como un ciclón
Maula:  persona inútil y despreciable
Zarandazo:  forma alterado de zarandeo
Pendonada:  acto despreciable
Abur:  adiós, despedida familiar
Guinda:  guindilla, guardia
Macareno:  guapo, achulapado
Pote:  importancia
De buten:  gitanismo, excelente, estupendo
Fijamente:  con certeza
Atortolo:  aturdimiento
Amurriado:  de murria, tristeza
Pingo:  mujer despreciable
Conquis:  variante personal de conquibus, dinero
Melopea:  peseta
A vueltas:  dudoso, perplejo
Quinqué:  vista, cuidado
Poner a la sombra:  encarcelar
Sarasas: homosexuales
Jastialote:  aumentativo de hastial, hombre tosco y grosero
Papel mojado:  de poca importancia o que prueba poco para un asunto
Mamporí, cola, término del caló;  en este caso tiene más bien el sentido de importancia
Chanelar:  entender, gitanismo
Como la corza herida:  sin duda se trata de una cita paródica no identificada;  el motivo de la corza herida es frecuente en la estética modernista y todavía se encuentra en un soneto de García Lorca, según Senabre.
Orégano sea:  fórmula desiderativa
Goma:  de gomoso,  pisaverde, lechuguino
Quitolis:  robo
Chulapo:  derivación de chulo: majo, garboso, fanfarrón
Simón:  coche de alquiler
Apaño:  respecto de una persona amencebada, la que lo está con ella (DRAE)
Cachondo:  dominado del apetito venéreo (DRAE)
Camándula:  hipócrita
Chachipé:  gitanismo, verdad
Foque:  punta del cuello de la camisa
Frégoli:  especie de sombrero
Gatera:  como gatillo, derivado de gato, ratero, tunante
Marte:  soldado ilustre, general
A medios pelos:  medio embriagado
Oralino:  caprichosa derivación de oro, apoyada en la analogía con una imaginaria secuencia coro-coral-coralino.
Derrote:  cornada que da el toro levantando la cabeza con un cambio brusco de dirección
Henchido:  relleno
Gutapercha:  sustancia de goma con la que se barnizan telas
Pelote:  relleno del sofá
silo:  lugar subterráneo
Silbatada:  silbido, derivación de silbato
Asadura:  puede ser pesado o calmoso
figles:  instrumento de viento
Goma; demasiada goma:  aquí tiene valor colectivo:  gente elegante, bien ataviada
La Chata:  la infanta María Isabel Francisca de Asís de Borbón (1851-1931), hija de Isabel II.
Canguelo:  miedo, gitanismo
Rosicler:  arrebol, y en ocasiones colorete
¡Y un jamón!:  Según la Academia es locución con que irónicamente se denota algo que excede de lo que buenamente se puede pedir o conceder (DRAE);  o más bien forma irónica de negación.
María Pita:  María Mayor de la Cámara y Pita, famosa heroína gallega cuyo comportamiento fue decisivo en la defensa de La Coruña contra los ataques de la flota inglesa en 1589.
Agustina de Aragón:  Agustina Zaragoza y Domenech, mantuvo una heroica actitud en el sitio de Zaragoza por los franceses, en julio de 1808.
Mariana Pineda:  granadina de ideas liberales, nacida en 1804 y ejecutada en 1831 por haber bordado una bandera con la leyenda Ley, libertad, igualdad.
El estudiante de las aulas salmantinas:  tradición apócrifa, según Senabre.
...diga lo que diga Calderón:  alusión a los conocidos versos de la escena final del Alcalde de Zalamea:  “Al Rey la hacienda y la vida / se ha de dar;  pero el honor / es patrimonio del alma, / y el alma sólo es de Dios.”
Picardear:  retozar
Pardillo:  aquí, apicarado
Alombrigada:  con forma de lombriz
Diñarla:  morir, gitanismo
Escharcharse:  aplastarse, despachurrarse
Meter la husma:  indagar, intervenir
El Lábaro de Orbaneja:  sugiere humorísticamente, merced el equívoco Orbaneja, una publicación sometida a los designios del dictador, y evoca veladamente las conocidas “notas oficiosas” de Primo de Rivera y Orbaneja.



[1] Jerga o manera de hablar de ladrones y rufianes, usada por ellos solos y compuesta de voces del idioma español con significación distinta de la verdadera, y de otros muchos vocablos de orígenes muy diversos. (DRAE)
[2] Se dice de quien sigue las doctrinas de Manes, pensador persa del siglo III, que admitía dos principios creadores, uno para el bien y otro para el mal. (DRAE)