ESPACIO en el teatro


El actor, elemento fundamental del teatro, no podría existir sin un espacio donde desplegarse, pues se puede definir el teatro como un espacio donde se encuentran juntos los que miran y los mirados.

El espacio teatral abarca a los actores y a los espectadores, estableciendo entre ellos una cierta relación.

El espacio escénico es el espacio propio de los actores, el espacio de los cuerpos en movimiento.

El lugar escénico es este mismo espacio en cuanto está materialmente definido.

El espacio dramático es una abstracción:  comprende no solamente los signos de la representación sino toda la espacialidad virtual del texto, incluso lo que está previsto como extra escénico.

El espacio teatral está definido por una cierta relación del teatro con la ciudad y con las representaciones que los hombres se hacen de ella.  Acerca de esa relación, el historiador debe interrogarse cada vez.  Por ejemplo, en Atenas, el espacio totalizante del teatro como figura de la ciudad;  el espacio múltiple de los misterios en la Edad Media, con sus lugares discontinuos, imagen del universo;  aparición en el Renacimiento del espacio en perspectiva, con su centro alrededor de la figura humana:  “En la base, está la concepción del hombre, actor eficaz sobre la escena del mundo” (P. Francastel).  El espacio triple de la dramaturgia isabelina indica la relación con el universo feudal (la plat-form, lugar de los enfrentamientos y de las multitudes;  el recess, lugar de nueva diplomacia maquiavélica, y la chamber, lugar de la vida privada).  El espacio de la tragedia clásica no es la imitación de un corredor de palacio, sino un espacio abstracto, no mimético, al cual no molestan las butacas de los aristocráticos espectadores.

El espacio mimético se crea progresivamente a lo largo del siglo XVIII, encuentra su máxima expresión con Beaumarchais y sigue reinando durante el siglo XIX y comienzos del XX.  Más tarde se deconstruye bruscamente y dan lugar a soluciones múltiples:  “Deshacer el espacio, noción nueva del espacio que se multiplica desgarrándolo” (A. Artaud).

A.  Formas del espacio

El espacio teatral oscila entre dos formas extremas:  el espacio-tablado y el espacio mimético, el del teatro de bulevar, por ejemplo.  El espacio-tablado es un espacio de juego que muestra claramente su diferencia con el resto del mundo;  el espacio mimético conduce al espectador a imaginar la escena como un trozo del mundo, a figurarse lo extra escénico como la continuación de lo escénico, homogéneo con respecto a él.  La primera forma proclama su nombre de teatro y se muestra como un área aislada, pero en relación directa con los espectadores;  a la inversa, el espacio mimético se aísla del espectador por medio de la rampa, aislamiento de luz, el decorado;  es un espacio que se muestra diferente, aunque figurativo.  Está claro que la función lúdica del teatro se cumple más cómodamente en el espacio-tablado y la función mimética en un espacio figurativo, porque toda manifestación teatral se caracteriza por la doble presencia de lo lúdico y de lo mimético, pero según proporciones variadas.

B.  Características del espacio teatral

Es:
  • -       Concreto y delimitado.
  • -       Tridimensional
  • -       Doble, con la copresencia simultánea de los actores y de los espectadores.
  • -       Sometido a múltiples códigos.
  • -       Sometido a la ley fundamental de que todo lo que figura en la escena está hecho de la misma materia que el resto del mundo:  la imagen escénica de un hombre es un hombre.
  • -       Un espacio de juego definido por una práctica física;  es el lugar del cuerpo de los actores.
  • -       El lugar de la imitación de los elementos del mundo;  puede: a)figurar lugares concretos;  b) construir espacios plurales, volviendo visible una suerte de “topología” del psiquismo; c)mostrar sobre la escena el espacio dramático del texto, con sus divisiones.

C.  El espacio plural

El espacio escénico puede dividirse en zonas, que materializarán las posibles divisiones, psíquicas o dramáticas (metaforizando las divisiones del yo, las separaciones textuales, las oposiciones sociales).  Pero puede ser también el lugar de una separación de importancia fundamental:  el teatro en el teatro, manifestación particular por la cual el teatro encuentra su espacio propio sobre la escena, con sus observadores y observados;  los espectadores de la sala ven a otros hombres haciendo las mismas actividades que ellos, o sea, como ellos, inmersos en una representación teatral;  por lo tanto, como ellos, atrapados en el hecho de la denegación.  Se puede decir entonces que, para el espacio que es “teatro en el teatro”, la denegación se da vuelta, y que, como el sueño en el sueño, según Freud, el teatro en el teatro se pone a decir la verdad.  Cada vez que en una parte del espacio escénico el teatro se muestra como tal, tenemos una manifestación, aunque sea limitada, de teatro en el teatro.

D. El espacio teatral y la cultura

El teatro jamás está fuera de la ciudad:  el espacio teatral depende del lugar teatral, él mismo definido por su tipo de inserción en la ciudad, del círculo espectacular de la sabana africana a los edificios mas sofisticados.

Lo representado en un escenario, aun cuando sea el más complejo, jamás es un lugar en el mundo, sino un elemento repensado, reconstruido según las estructuras y los códigos de una sociedad.  Lo dado en el espacio teatral nunca es una imagen del mundo, es la imagen de una imagen.

La figuración espacial corresponde al conjunto del universo cultural:  la perspectiva del Renacimiento, por ejemplo, está acompañada por una búsqueda de elementos pictóricos, y la tela pintada invade el espacio teatral.  Los elementos espaciales en el teatro, en todas las épocas, están ligados a la estética del tiempo, a la cultura de la mirada.  La representación contemporánea se caracteriza por una relación directa con una estética de lo discontinuo, con diferencias de escala, y por la riqueza del juego de las citas, con obras de otras épocas o de otras civilizaciones (por ejemplo, Ariane Mnouchkine cuando cita el espacio japonés).

E. La revolución del siglo XX

El constructivismo de Meyerhold (“Deseamos cambiar la caja escénica por escenarios de superficies fracturadas”), la revolución propiciada por Artaud (“Una noción nueva del espacio utilizado en todos los planos posibles”), indican la dirección de una modificación radical del sentido del espacio;  se trata de pasar de un espacio en perspectiva a un espacio de volumen.  Más allá del constructivismo, más allá aun del espacio relativamente vacío de Vilar, salpicado de practicables, el trabajo contemporáneo consiste en cambiar el espacio tradicional de todas las maneras posibles, en hacer teatro en todos lados y en los lugares menos aptos para eso, en descentrar el espacio, fracturarlo, jugar sobre sus diferentes dimensiones, sobre las oposiciones espaciales (lo cerrado, lo abierto...) pero, sobre todo, en probar todas las formas posibles de relaciones entre la escena y la sala (espacio circular, espacio bifrontal...).  La mejor fórmula de este espacio contemporáneo es sin duda la de A. Appia:  “La escena es un espacio vacío, más o menos iluminado y de dimensiones arbitrarias [...].  El espacio de la escena espera siempre una nueva disposición, y por consiguiente debe estar acondicionado para continuos cambios.  Está más o menos iluminado; los objetos que se colocarán allí esperarán una luz que los volverá visibles.  Este espacio no está sino en estado latente, tanto para el espacio como para la luz [...]”  Se comprende entonces la importancia del escenógrafo, que tiende a sobresalir respecto del director de escena;  su rol no es tanto ilustrar un texto, sino construir para cada texto y cada espectáculo el espacio que le es propio, hacer del espacio cada vez una creación autónoma.  El espacio teatral no es ya lo dado, sino una propuesta en la que pueden leerse una poética y una estética, pero también una crítica de la representación a partir de la cual es posible para el espectador una nueva lectura de su propio espacio sociocultural.

En todos los casos, el espacio teatral juega un rol de mediación entre los diversos códigos, pero también entre los momentos de la representación, y por último entre los actores y espectadores.

Anne Ubersfeld, Diccionario de términos claves del análisis teatral.  Buenos Aires: Galerna, 2002.  48-51

MIRAR y describir, significar


Flotando sobre los escombros

Saúl, el hijo mediano de Aurelio y Luisa, vestía como Tino Casal, hablaba como yo me imaginaba que lo haría Gigi Cicerone, el amigo de Momo, y se movía como Pete Burns. Me gustaba mucho mirarle entrar y salir de su casa, verle caminar hacia la boca de metro hasta que desaparecía por la esquina con su taconeo alegre. Era guapísimo, tenía los mismos ojos verdes y maliciosos de su hermana Laura. Las marcas en la cara que le había dejado su padre a hostia limpia eran perfectamente visibles y el cicatrizario seguía creciendo, pero a pesar de ello parecía resuelto a seguir con su vida y a desaparecer de allí pronto. Así acabaría siendo.

A veces quería ser como él. Fascinante, único y femenino. Le llamaban maricón, se reían de él y le amenazaban a diario. En el barrio no tenía descanso, así que casi no lo pisaba excepto para dormir, y según se hacía mayor, ni siquiera eso. Se las apañaba para caminar por encima de la escombrera que le había tocado por vida sin que se le notase el esfuerzo. Él era Oberón: por sus ojos de duende malo, por los brillos de sus túnicas, por su cabello largo y cardado, por su sonrisa ambigua y por sus labios siempre pintados de colores preciosos. Se había ganado un espacio en mi legendarium de mujeres de cuento, diosas, y otras criaturas hermosas.

Excepto por la fantasmal hermana mayor, que nunca tuvo oportunidad, Saúl y Laura estaban forjados en fuegos de otro mundo. Yo tenía miedo de casi todo y me veía incapaz de vivir libre y alegre, siendo yo misma, sin temer perder el amor, el apoyo y la seguridad que me aportaba mi familia. Ellos, de su inconmensurable desgracia, hacían caldera de furia que los animaba a no detenerse. Intuía que las cosas eran más complicadas y creía ver grietas en las corazas de aquellas criaturas que estaban empezando a vivir y lo habían hecho de la peor de las maneras, pero su fortaleza me maravillaba. Nunca dejé de pensar en ellos. Aún lo hago.

Saúl se fue sin hacer ruido. Me alborotó el pelo con dulzura, sin dejar de caminar, una tarde en la que yo miraba el mundo en silencio desde las escaleras exteriores del bloque. Creo que esa fue la última vez que le vi. No recuerdo que arrastrase maletas ni que llevase mochila, nada. Supuse que al rey de las hadas no le hacía falta equipaje allá donde fuese.

Alana S. Portero, La mala costumbre (Seix Barral, 2023), pp 41-42

Así que pasen cinco años en escena

Diez años de su primer estreno, en 1988 vuelve a la escena un nuevo montaje de Así que pasen cinco años que se estrenará en el Teatro Español de Madrid, dirigida de nuevo por Miguel Narros con escenografía de Andrea D'Odorico. La fecundidad en sugerencias teatrales de los textos literarios lorquianos para convertirse en espectáculos diferenciados y propios justificaba este nuevo montaje, que Narros comentaba con esas palabras: “Es una obra que es interesante volver a hacer de vez en cuando, porque siempre que la montas te quedan muchas cosas sin descubrir. Es de las obras que están vivas, de las que te dan más pautas cada vez que te encuentras con ella” (Guerenabarreba, 19, p. 7) [Las primeras dos imágenes aquí presentadas son del estreno de 1978]

Conscientes de la necesidad de espectacularidad en el montaje de esta obra, la novedad más significativa de este nuevo montaje respecto al realizado diez años antes estuvo en la atención que se dedicó a la escenografía. Andrea D'Odorico creó un espacio escénico, del que se subrayó de manera especial la espectacularidad del segundo acto: “La escena, a pesar de no contener los ángeles pedidos por Lorca en las acotaciones, se prepara de forma espectacular. Un canapé a la derecha, con una gasa blanca a modo de dosel, palio o tornalecho, grandes cortinajes blancos [...] una galería de arcos [...] con un punto de fuga discretamente desviado [...] Los armarios son ahora más armarios que nunca, pero también son puertas, arcos de vacío. Todo el aire de la calle, ese aire que el Joven rechaza en su propia casa, entra ahora con entera libertad” (ib., p.6)

Tomado de Carmen Martínez Romero, “La puesta en escena como proceso. El teatro irrepresentable de Lorca.” Federico García Lorca, clásico moderno (1898-1998). Diputación de Granada, 2000. 275-281

Aquí a la derecha un vídeo de 1989.







Otras imágenes de este montaje del Teatro Español de 1989, dirigida por Miguel Narros. Escenografía de Andrea D'Odorico. Interpertan  Carlos Hipólito, Helio Pedregal, Pastora Vega, Miguel Molina, Perpe Loma, Ismael Marín, Fernando Sansegundo, Gabriel Garbisu, Cristina Marcos, Rafael Rojas, Ana Labordeta, Begoña Valle, Licas, Paz Marquina, Ginés García Millán, Manuela Vargas, José Carlos Castro, Macarena Vial, Milena Montes, Isidor Barcelona, José Luis Benet, José Antonio Mayenco y Ángel de Andrés. 


Comparemos la producción anterior con la más reciente de la compañía Atalaya, dramaturgia y dirección de Ricardo Iniesta:

Notas sobre teatralidad y teatro del siglo xx


TEATRALIDAD
Cualidad por la que un texto dramático, al ser puesto en escena, deja de ser mera literatura para convertirse en un espectáculo propiamente teatral. 
La esencia de la teatralidad radicaría no en el texto mismo, sino en ese conjunto de signos y sensaciones que se producen en el escenario a partir de la representación de una trama argumental escrita que es percibida por los espectadores como un entramado de “artificios sensuales, gestos, tonos, distancias, sustancias, luces que sumergen el texto en la plenitud de su lenguaje exterior” (R. Barthes, 1964).
Antonin Artaud ha contribuido notablemente al redescubrimiento de la teatralidad potencial de los textos dramáticos, salvándoles del predominio anterior de la “literariedad”. Frente a los dramaturgos de tendencia naturalista, empeñados en crear una imagen verosímil de la realidad, disolviendo las marcas de lo teatral, Artaud, como V. E.Meyerhold, B. Brecht, etc-. se apartan de ese objetivo de crear “ilusión de realidad” y tratan de recuperar la marca específica de lo dramático, devolviendo a la representación su carácter de espectáculo específicamente teatral.

TEATRO DEL SIGLO XX
En el teatro realista y naturalista del siglo XIX se percibe como máximo objetivo el logro de la verosimilitud en la recreación de ambientes y personajes, así como en el dispositivo escénico e interpretación de los actores (que habrían de “encarnar” y vivir su personaje), todo ello para producir una intensa “ilusión de realidad” (Zola, Antoine). Con la llegada del cine, capaz de crear a la perfección esta ilusión de realidad, el teatro realista y naturalista pierde sentido. Previamente, había surgido una reacción antinaturalista con el Simbolismo (búsqueda de una atmósfera poética, trascendente y misteriosa) que continúa en los movimientos de vanguardia (Dadaísmo, Expresionismo y Surrealismo) con la irrupción de lo irreal insólito, de lo onírico, de lo violento y provocador en los escenarios.
En el siglo XX se advierte un amplio y diversificado movimiento de renovación dramática gracias a la aparición de grandes dramaturgos y directores de escena, movidos de un deseo de retorno a los orígenes del teatro cuando éste era vivido como espectáculo festivo por el público asistente: en la tragedia griega, en los misterios medievales, en la Comedia del Arte italiana, etc.
Las líneas básicas de esa renovación serían: 
a)  Recuperación del carácter de fiesta y celebración ritual de la representación (A. Artaud, J. Copeau, J. Grotowski, etc.)
b) Conversión del texto (considerado no en su literariedad, sino en sus virtualidades dramáticas) en medio disponible y modificable al servicio de una representación en la que cuentan otros medios para convertirla en un espectáculo total: luz, sonido, danza, mimo, recursos procedentes del teatro de títeres, del circo, del cine, del music-hall, etc. (S. Becket convierte, mediante el escarnio, el teatro en circo y a sus personajes en payasos)
c) Ruptura de la “ilusión de realidad” mediante técnicas precisas de “extrañamiento” (L. Pirandello, E. Piscator, B. Brecht, etc.)
d) Dignificación de los comediantes y capacitación para lograr destreza en la expresión corporal, gestualidad, mimo, declamación, etc. (K. Stanislavski, Meyerhold, Copeau); potenciación de la figura del director de escena: dramaturgos como L. Pirandello, J. Giraudoux o Tennessee Williams cuentan con grandes directores;  B. Brecht y J. Grotowski dirigen la puesta en escena de sus propias obras
e) Transformación de las condiciones especiales de la representación, que hagan posible una mayor participación de espectadores: teatros circulares, escenarios móviles, vuelta al teatro ambulante (La barraca de Lorca, p. e.), en la calle, en el café (café teatro, happening), en la escuela, en la fábrica, etc. Tendencias a la simplificación del decorado, plástica elemental (Copeau, Grotowski, Ronconi).
f) Renovación de las formas expresivas del lenguaje dramático, para conmover y asombrar a los espectadores, al romper con los moldes habituales de la comunicación: lenguaje provocador (Artaud), estridente (Vauthier), sonámbulo (Schéhaze), simbólico (Lorca), destructor de la realidad que expresa (Ionesco, Vian, Genet) o revelador del sentido o sinsentido de la misma (Adamov, Beckett) o deformador y esperpéntico (Valle Inclán).
Desde estos presupuestos se han sucedido, a lo largo del siglo XX, una serie de experiencias y creaciones teatrales conocidas con los nombres de Teatro del absurdo (Ionesco, Beckett, Adamov, Albee, F. Arrabal, Pinget., etc.), Teatro de la crueldad (Artaud), Teatro documental (Buchner, Weiss, etc.) Teatro épico (Brecht), Teatro experimental (Grotowski, Living Theatre, etc.), Teatro de parábola (Frisch, Durrenmatt), Teatro político (Piscator, Osborne, OCasey, etc.), etc.
Por último, un hecho importante en esta renovación teatral ha sido el intercambio de experiencias en el plano internacional a través de festivales, como el ya consagrado de Avignon, o la inauguración del llamado Teatro de las Naciones (1957) de París, que pone en contacto al público europeo con formas del teatro oriental (p. e., el No y el Kabuki japoneses) y africano. 

Demetrio Estébanez Calderón, Diccionario de términos literarios.  Madrid: Alianza, 1999.

¿Qué es el esperpento?


Término polisémico [“Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza; desatino, absurdo”, según el DRAE] elegido por Valle-Inclán para designar una categoría estética, una forma teatral y una visión de la vida humana y de la historia, representada desde una óptica sistemáticamente deformadora de la realidad.
Se ha relacionado dicha estética con corrientes de la vanguardia europea de las dos primeras décadas del siglo xx, sobre todo con el expresionismo alemán, pero también con el futurismo italiano —por sus parodias grotescas— y con el dadaísmo, así como determinadas concepciones renovadoras del teatro contemporáneo: la de A. Jarry (teatro patafísico), A. Artaud (teatro de la crueldad), E. Ionesco y S. Beckett (teatro del absurdo) y B. Brecht (teatro épico). 
Con respecto a estas concepciones renovadoras se ha subrayado la importancia de la nueva estética de Valle en la evolución del teatro europeo del siglo xx, al indicar que, en la ruptura necesaria con la dramaturgia de la “ilusión” del realismo burgués, posiblemente haya sido el esperpento la forma teatral más avanzada para poder expresar el sentido trágico y grotesco, a la vez, de la realidad histórica de España y del mundo occidental en su conjunto.
Según Ruiz Ramón, el esperpento “hubiera debido ser el eslabón entre el teatro de Jarry y de Brecht, entre Jarry y Artaud, entre Jarry e Ionesco”.
En Luces de bohemia no se niega el espíritu de la tragedia, sino que se subraya el hecho de que en el contexto en el que vive el protagonista lo trágico únicamente puede representarse en forma grotesca.
En 1921, recién publicada la primera versión de Los cuernos de don Friolera, Valle Inclán realiza una nueva reflexión sobre el esperpento y dice en una entrevista que está haciendo algo nuevo, “distinto a mis obras anteriores. Ahora escribo para muñecos”, refiriéndose a los esperpentos. Allí mismo, el personaje de Don Estrafalario, cuando reniega del dogmatismo y crueldad del “retórico teatro español” alude, en contrapartida, a la farsa de títeres del bululú. Hará también una matización sobre el distanciamiento emocional que exige la nueva estética. Ya no se trata de una deformación del héroe en los espejos cóncavos, sino de una doble degradación simultánea: la parodia del héroe clásico en los títeres del bululú y en el romance de ciegos. 
A partir de allí, las reflexiones que realiza Valle se refieren a la distancia o desproporción existente entre los personajes clásicos y los supuestos héroes contemporáneos que carecen de dignidad al enfrentarse a los grandes acontecimientos o situaciones, que les sobrepasan y por ello resultan ridículos.
Lo grotesco es una categoría fundamental con la que opera Valle en obras esperpénticas, categoría que supone una “distorsión de la apariencia externa, fusión de lo animal con lo humano, y mixtura de la realidad con el ensueño”, según Zahareas, así como una reducción de la personalidad a máscara, y de asimilación de los comportamientos humanos a los de un pelele o fantoche. Otro rasgo estructural común en estos esperpentos es el del personaje colectivo, la configuración del espacio (fundamentalmente urbano, diseñado en las acotaciones) y del tiempo (discurre de forma discontinua, por el encadenamiento de cuadros autónomos), la utilización de colores violentos: negros, rojos, amarillos y verdes.
En cuanto al lenguaje, hay un tratamiento vulgarizador o aplebeyado. Utiliza diferentes recursos que en el nivel morfológico se concretan en derivaciones irónicas (rubiales, frescales, vivales), latinización burlesca de adjetivos (guasibilis, finolis), profusión de aumentativos y diminutivos despectivos (espadón, venacona, clerigón, vejete), creación de nombres propios degradadores (Doña Simplicia, Juanillo Ventolera), abreviación de términos (la corres, don Lati), etc. En cuanto al léxico, abundan palabras y expresiones recogidas del habla popular de los sainetes (apoquinar, sujeto), madrileñismos (naturaca, panoli, beatas, guindilla), vocablos del caló (pirante, parné, mangue), expresiones de argot (estar apré, rezumar el ingenio), etc.

Tomado de Diccionario de términos literarios, Demetrio Estébanez Calderón

Notas sobre los movimientos de vanguardia

El movimiento vanguardista da origen a sucesivos ismos interrelacionados con las artes plásticas, la música, el cine, etc. Su denominador común es el carácter combativo y de ruptura con la tradición estética anterior (Realismo naturalista, Simbolismo, etc.) y el espíritu pionero en la búsqueda de nuevas formas de expresión artística y literaria; así como el deseo de liberación (y de rebeldía inconoclasta: Futurismo, Dadaísmo, Surrealismo) de las trabas morales, políticas y religiosas que impiden la emancipación y desarrollo integral del hombre.


Se desarrolla a partir de 1910 (Futurismo) y tiene su mayor auge en la década de los años veinte, aunque algunas manifestaciones continúan en la década de los treinta y aún después de la Segunda Guerra Mundial.
Se trata de una corriente internacionalista que, si en algunos casos se circunscribe a un espacio más reducido (el Imaginismo norteamericano de E. Pound, A. Lovell, R. Aldington, etc.), en otros se extiende a una amplia comunidad lingüística (el Ultraísmo se produce en España y en otros países de habla hispana como Argentina, Uruguay, Chile, México, etc.,), y en otros (Futurismo) se desarrolla en países culturalmente tan dispares como Italia (Marinetti) y Rusia (Maiakovsky, Pasternak y Asseiev). Finalmente en el caso del Surrealismo, se trata de un fenómeno que se implanta en múltiples países de España y América.
Es común la interrelación de artes plásticas, música, cine y creación literaria. El surrealismo abarca la lírica y la narrativa (Breton, Eluard, Aragon), el teatro (Vitrac, Artaud), la pintura (Ernst, Dalí, Miró), el cine (Buñuel), etc.  El Cubismo en la pintura de Picasso, Braque, Gris, Metzinger, convive con poetas como Apollinaire, Cocteau, Salmon, Max Jacob y Reverdy. Esto explica el influjo de los poetas sobre la estética cubista y las analogías entre ciertos poemas y ciertos cuadros cubistas. Algunas poesías de Apollinaire mezclan recuerdos, percepciones inmediatas, titulares de prensa, fragmentos de diálogos escuchados en el café, y rompe con la métrica y la puntuación, presenta técnicas de simultaneidad y fragmentación que recuerda a los collages y cuadros cubistas de la primera época.
A propósito del surrealismo debe recordarse el carácter innovador que comportan, en cuanto a técnicas y al desarrollo formal de la prosa, la obra de Joyce (Ulysses, 1922), Dos Passos (Manhattan Transfer, 1925), Huxley (Contrapunto, 1928), autores que pueden encuadrarse en el marco de las vanguardias. 
Los movimientos europeos que mayor incidencia han podido tener en el vanguardismo hispánico son el Surrealismo, el Expresionismo y, en menor medida, el Futurismo y el Dadaísmo.
Una característica de este período de los años veinte es precisamente su apertura al mundo exterior a través de la vanguardia europea. Por primera vez desde el siglo XVIII España participa con voz propia en las corrientes intelectuales a partir del Ultraísmo, movimiento en el que se juntaron el Dadaísmo, Futurismo y Cubismo literario o Creacionismo.
Existe cierta influencia del Expresionismo en el Ultraísmo a través de Borges, traductor, durante su estancia en Suiza de la poesía expresionista alemana.
Tanto el Ultraísmo como el Creacionismo presentan concomitancias con el Cubismo literario francés en su preocupación por la construcción del poema como objeto literario autónomo y la revalorización de la imagen y la metáfora.
La impersonalidad e intemporalidad, características del Cubismo, actúan a favor de la poesía pura que elaboraba Guillén antes de 1930.
Los escritores españoles conciben al Vanguardismo no como una escuela, sino como un movimiento plural de renovación permanente. Implica entonces una ruptura con las tendencias estéticas anteriores. 
En el conjunto de las diferentes manifestaciones del Vanguardismo español aparecen los siguientes rasgos comunes:
a) Búsqueda de un arte autónomo y cerrado en sí mismo por el que se crea un mundo de ficción poblado de ultraobjetos (Ultraísmo y Creacionismo)
b) Eliminación de la anécdota, lo didáctico y lo sentimental (arte deshumanizado, según Ortega y Gasset)
c) Ruptura de las relaciones de causalidad y del concepto tradicional de espacio y tiempo, con lo que surgen en estos poemas mundos fantásticos y caóticos con imágenes fragmentarias, sorprendentes, contradictorias y absurdas
d) La fantasía a través de la palabra es el instrumento creador. Se le concede un valor mágico y demiúrgico que transforma los objetos en ideas y esencias (poesía pura) y que evoca contenidos misteriosos a través de la sugestión fónica y asociativa del lenguaje poético.
e) Culto a la imagen creada y la metáfora insólita
f) Desdén por el arte del pasado (no así en la Generación del 27)
g) Actitud lúdica, agudeza y humor, concepción de un arte intrascendente.
h) Admiración por la técnica, el progreso y los descubrimientos científicos, el cosmopolitismo y fraternidad universal
i) Predomina la poesía lírica, también se crea una prosa vanguardista en narrativa
Hay dos fases en el Vanguardismo español:
1919-1922:  Primera fase protagonizada por los ultraístas
1925-1935:  Integrada fundamentalmente por los escritores de la Generación del 27
En los orígenes de la Vanguardia el nombre de Ramón Gómez de la Serna es imprescindible. En su revista Prometeo se publican el Manifiesto futurista y la Proclama futurista a los españoles, escrita por Marinetti, y dos trabajos clave: “El concepto de la nueva literatura” (1909, verdadero y primer manifiesto vanguardista en España) y “Mis siete palabras (Pastoral)”, de 1910, en un tono iconoclasta. En sus obras de creación y especialmente en las greguerías se advierten rasgos comunes al conjunto de la literatura de vanguardia:  el culto a la imagen y a la metáfora, el gusto por la fragmentación (de filiación cubista) y la incoherencia, congruentes con una concepción del mundo como caos, junto a una tendencia lúdica y a su habitual sentido del humor.
Ejercen notable influencia en el surgimiento de las vanguardias españolas también V. Huidobro respecto del Creacionismo, R. Cansinos Assens y G. de Torre en relación con el Ultraísmo, J. Larrea y JM Hinojosa en cuanto al Surrealismo, etc.
Un papel fundamental lo desempeñan las revistas Grecia, Ultra, Tableros, Cervantes, Reflector, Horizontes, Plural, Alfar y Revista de Occidente (en la que colaboran Gómez de la Serna, Ayala, Espina, etc), Gaceta Literaria y las de la Generación vanguardista del 27 (Litoral, Gallo, Carmen, Lola  y Verso y prosa), las revistas gallegas (Ronsel) y catalanas (Hélix, LAmic de Les Arts).

La Generación del 27 asimila los logros estéticos de las Vanguardias europeas entroncándolos con la rica tradición poética del Siglo de Oro, Bécquer, del Modernismo, etc. en un equilibrio admirable entre lo antiguo y lo nuevo. Esta Generación pasa por una primera etapa de poesía pura y deshumanizada a la que seguirá después una rehumanización, por influjo del Surrealismo francés, derivando en algunos escritores hacia una literatura de compromiso político (Alberti, Prados).
El Vanguardismo declina en torno a los años treinta. En palabras de G. de Torre:  Vanguardia: fase que ha sido superada para dar paso a otra más libre, orgánica y constructora.... Ha terminado la época del manifiesto, del prospecto, de la algarada. Lindamos con la edad más venturosa del alambique en la cual se produce la obra destilada. 
Por lo que respecta a las vanguardias hispanoamericanas, hay que recordar la obra pionera de Huidobro, iniciador del Creacionismo, la influencia de Borges en el desarrollo del Ultraísmo argentino, Vallejo. Hay varios escritores sensibilizados ante las corrientes vanguardistas: P. Neruda, Díaz Casanueva, Marín; en Puerto Rico L. Palés Matos, cuyo Diepalismo (creación de nuevos ritmos y uso peculiar de los efectos onomatopéyicos) influye, probablemente, en la corriente negrista o afroantillana de los poetas cubanos Emilio Ballagas y Nicolás Guillén.En México, el Estridentismo de M. Maples Arce, en el que se han señalado influencias futuristas y dadaístas. De todos los movimientos europeos de vanguardia, aparte del Ultraísmo y Creacionismo, tal vez sea el Surrealismo el que mayor resonancia haya obtenido en ciertos grupos hispanoamericanos.
creacionismo
En la declaración preliminar de Horizon carré de 1917, aparece ya programado por Huidobro, el creacionismo como tendencia de acuerdo con los siguientes propósitos:
1)  adopción del hecho nuevo inventado
2)  repulsa de lo anecdótico y descriptivo
3)  creación de todas las piezas del poema
4)  creación del poema como un objeto nuevo
Huidobro sobre Gerardo Diego y Juan Larrea, 1925: 
Cuando Gerardo escribe “aquella cabeza se desinfla silbando”, o bien “la lluvia tiembla como un cordero”, o este otro, “una paloma despega del cielo”, nos da una sensación poética muy pura. Igual cosa sucede con Juan Larrea cuando dice: “Un pájaro cambia el tiempo”, o bien:  “Lechos de ladrillos entre los sonidos”, y aun este otro: “Tu recuerdo se aleja según la dirección del viento” .... Ambos poetas han probado a los españoles escépticos hasta qué grado de emoción puede llegar lo inhabitual, demostrando todo lo que de serio contiene la teoría creacionista.
Como teoría estética el creacionismo presenta como premisa fundamental la idea de la peculiaridad del lenguaje poético: frente al lenguaje gramatical, que tiene por objeto “nombrar las cosas del mundo sin sacarlas fuera de su calidad del inventario”, el lenguaje poético rompe con ese convencionalismo, ya que las palabras dejan su función representativa primaria para adquirir una significación “más profunda y como rodeada de un aura luminosa que debe elevar al lector del plano habitual y envolverlo en una atmósfera encantada.”
En segundo lugar, la función primordial del poeta es la de crear un mundo nuevo, función subrayada por la misma etimología de los términos poeta y poema (del griego poiein):
Hasta ahora no hemos hecho otra cosa que imitar al mundo en sus  aspectos, no hemos creado nada ...  Hemos cantando a la naturaleza (cosa que a ella bien poco le importa).  Nunca hemos creado realidades propias como ella lo hace o lo hizo en tiempos pasados...  Hemos aceptado, sin mayor reflexión, el hecho de que no puede haber otras realidades que las que nos rodean, y no hemos pensando que nosotros también podemos crear realidades en un mundo que espera su fauna y su flora propias.  (Non Serviam, 1914).
El objetivo será lograr una poesía pura, fruto de la invención creadora del poeta. Hay que trascender el mundo de los objetos.
Para lograr este objetivo, el escritor no tiene otros medios que la imaginación y la palabra. Se advierte una búsqueda consciente de nuevos recursos expresivos que implican una ruptura con las técnicas heredadas de la tradición, comenzando por ciertas normas relativas a la ortografía, morfosintaxis, semántica etc: ausencia de puntuación, letras sueltas, palabras carentes de significado conocido, etc. Se pretende crear una especie de álgebra del lenguaje en la que los signos lingüísticos se utilizan por su capacidad de sugerencia estética y creación de belleza.
Últraísmo y Creacionismo comparten los presupuestos del apartamiento de la imitación realista, el cultivo de la imagen fragmentada, la búsqueda de nuevas formas tipográficas como el caligrama, etc. Sin embargo son diferentes en cuanto al origen y fundamento (la base del Ultraísmo es futurista, la del Creacionismo, cubista) y a preferencias temáticas y estilísticas (retoricismo y gusto por la máquina y lo técnico científico en el Ultraísmo, mayor originalidad y diversidad en el tratamiento de la imagen y la metáfora en el Creacionismo, en la línea de Góngora y Mallarmé. En el Creacionsimo además hay ausencia de contenidos ideológicos, la eliminación de lo anecdótico y de los aspectos emotivos y sentimentales, la creación de imagénes autónomas carentes de referencias al mundo exterior de los objetos, las imágenes yuxtapuestas al modo de la pintura cubista, una original presentación tipográfica de los poemas en relación estrecha con su mensaje, etc. ...
ultraísmo
1918-1922, año en que deja de publicarse la revista Ultra. El neologismo con que se conoce este movimiento (del latino ultra: más allá) fue tomado por Cansinos Assens para titular el manifiesto de 1918 en el que se esbozan los objetivos del grupo: crear un nuevo arte. Implica el abandono de las técnicas de expresión poéticas del modernismo decadente y la apertura a los movimientos de vanguardia europeos. Cansinnos Assens, G. de Torre, G. de Diego; Borges y González Lanuza, entre los hispanoamericanos.
Cansinos Assens asiste a las tertulias de Gómez de la Serna en el Café del Pombo, hacia 1915, y más tarde funda su propia tertulia en El Colonial. 
El objetivo primordial de esta corriente era la modernidad, previa la liquidación del modernismo decadente. Los rasgos más salientes de la nueva estética:
·       Predilección por la poesía lírica y predominio del culto a la imagen y la metáfora.  Una poesía entendida como síntesis y fusión de imágenes y estados anímicos:  simultaneísmo, velocidad imaginativa.
·   En el sentido teórico:  supresión del elemento sentimental y erótico, del confesionalismo o posibles referencias morales.  Preferencias por temas de la vida moderna.
·      Se suprimen las cadenas de nexos y las fórmulas de equivalencia, se eliminan los adjetivos con lo cual se rompe la continuidad del discurso, resaltando las percepciones fragmentarias, con la convicción de que se está potenciando de esta forma la pureza del flujo lírico
·      Supresión de elementos ornamentales, desaparición de la rima y de ciertos valores retóricos y musicales y atención a los valores visuales y plásticos;  relacionan la poesía con la pintura y la arquitectura, se entusiasman con el cubismo.
A su talante iconoclasta se debe la ruptura con las formas del Modernismo decadente y el ímpetu innovador y abierto a las vanguardias europeas.
Es perceptible el influjo del ultraísmo en los poetas del 27 en el culto de la imagen y la metáfora, en la libertad para poner en relación elementos heterogéneos, etc. 
futurismo
Aspectos del Primer Manifiesto del futurismo (Marinetti, 1909)
a) Oposición frontal a la literatura anterior, y, en especial, a la “poesía enfermiza, el sentimentalismo, la obsesión de la lujuria, la obsesión del pasado” de Annunzio, y al simbolismo de poetas como Baudelaire, Mallarmé y Verlaine, a los que considera “últimos adoradores de la luna”
b) Frente a esta poesía sentimental, estática y ensoñadora, Marinetti postula una creación artística basada en una concepción dinámica de la vida, con la exaltación de valores como el coraje, la audacia, el amor al riesgo, la energía y temeridad, la revolución, etc. 
Entiende la obra poética como un intento de descubrir nuevas formas de belleza, basada no en la armonía en quietud sino en la acción y la velocidad. Las obras de arte deben tener un carácter dinámico y agresivo; la poesía ha de constituir un “violento asalto contra las fuerzas desconocidas para doblegarlas ante el hombre.
c) Este carácter agresivo se muestra arrollador y destructivo con las antiguas formas estéticas, tal como se pone de manifiesto en dos frases lanzadas por el mismo Marinetti: “Deseamos demoler los museos y las bibliotecas”; “Un automóvil de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia.”
d) El futurismo cree haber superado el concepto clásico de espacio y tiempo en virtud del predominio del concepto de velocidad.
e)  Exaltación de la violencia y de la guerra que preanuncia la posterior evolución política de Marinetti hacia el fascismo.
Rasgos caracterizadores del movimiento:
·  Vitalismo desenfrenado, animado por un optimismo adolescente y petulante; una actitud casi idolátrica respecto del mito de la modernidad, ante los nuevos descubrimientos;  exaltación de la máquina y de la velocidad.
·  Rechazo de la monotonía habitual de los libros impresos y propugnación de una presentación pictórica de la página (innovaciones que utilizará Apollinaire en sus caligramas y T. Tzara.)
·  Yuxtaposición de sustantivos en las que el segundo cumple una función individualizadora (hombres-torpedero), propia del adjetivo, que él trata de suprimir.  Elimina de la expresión poética elementos gramaticales como el adverbio, los adjetivos, las conjunciones, a los que juzga innecesarios, basándose en la idea de la velocidad.  Utiliza el verbo preferentemente en infinitivo.  Propugna la destrucción de la sintaxis.
·     Superación y abandono de las imágenes clichés.
·     En cuanto a los temas, desea que los poetas sumerjan su imaginación en el curso de la naturaleza, hasta descubrir la psicología intuitiva de la materia. Como objetos de su glorificación poéticas figuran las estaciones, las fábricas, los puentes, las locomotoras, los aereoplanos, las grandes multitudes agitadas por el trabajo, el placer o la rebeldía, etc.
El movimiento tuvo cierta resonancia en el resto de Europa, especialmente en Rusia en escritores jóvenes como Pasternak, Asseiev y, sobre todo, Maiakovsky. En cuanto a España la influencia del futurismo es evidente en el Ultraísmo (obsesión por las máquinas y el léxico científico y técnico, tendencia a la supresión, en el plano lógico y sintáctico, de nexos, mediaciones, adjetivos, fórmulas de equivalencia, juegos tipográficos, etc.) y en algunas composiciones de  P. Salinas, como las dedicadas a la bombilla eléctrica y a la máquina de escribir. 
dadaísmo
Los miembros del grupo iniciador, durante la primera Guerra Mundial, reaccionan contra la guerra, que significaba para ellos el fracaso de toda una cultura basada en los principios de la razón y del progreso indefinido, en los que se había sustentado la sociedad burguesa anterior.
H. Ball, pacifista (No me agradan los húsares con cabeza de muerte, / ni los morteros con la inscripción de nombres de muchachas....) llega a Zurich en 1915, poco después de estallar la guerra, y en febrero de 1916 funda, en un bar popular de dicha ciudad, un cabaret artístico-literario al que denomina Cabaret Voltaire. Participan pintores, cantantes, dramaturgos, poetas, de distintos puntos de Europa:  Tristan Tzara, Picasso;  se organizan veladas rusas, francesas, suizas, etc.
Proyecta la edición de una revista, Cabaret Voltaire, cuyo propósito era, según Ball, recordar que más allá de la guerra y de las patrias, hay hombres independientes que viven de otros ideales. A ésta seguirá Dadá anunciada por el mismo Ball en su diario, dirigida por Tzara. Inicialmente la revista permanece abierta a las aportaciones del futurismo y del expresionismo, pero a partir del número 3, en el que se publica el Manifiesto Dadá de Tzara, se produce una ruptura con las manifestaciones artísticas anteriores y comienza el gran cambio revolucionario.
Un aspecto original del dadaísmo alemán es su apertura al expresionismo y su compromiso cívico. Muestran capacidad innovadora en las formas de expresión plástica: inician el fotomontaje y utilizan el collage, etc. 
Es una reacción anarquizante que pugna por liberar las energías de una creatividad desarrollada al margen de toda norma, es un dinamismo permanente, basado en la reducción al absurdo de la cultura existente.  
Para realizar este diluvio pretenden destruir la función semántica y lógica del lenguaje, ya que la racionalidad es la base del positivismo burgués. Favorecen todo lo que suponga creación de contradicciones, de situaciones ilógicas y absurdas, asociaciones sin sentido (al menos aparente).
Ejemplos: la reproducción de la Gioconda, tiznada con bigotes, firmada por M. Duchamp; la Santísima Vírgen, de Picabia, que consistía en un manchón de tinta sobre una página en blanco de su revista 391, etc. En teatro preanuncian el teatro del absurdo. 
El interés del dadaísmo como movimiento literario no radica en su valor creativo, sino en cuanto signo de un protesta contra la degradación existente y como germen y acicate de las literaturas de vanguardia, entre ellas, el Surrealismo. 

expresionismo
Categoría estética y movimiento artístico literario que se desarrolla en Alemania entre 1905 y 1925, considerado como una variante de los movimientos europeos de vanguardia. Tres etapas: 1905 a 1914, otra de 1914 a 1918, marcada por la experiencia de la guerra y 1919 a 1925.
Deformación de la realidad con intención significativa (estética de lo grotesco).
Dicho arte es concebido, no como un medio de creación de belleza gratuita y de evasión de la realidad (objetivo perseguido desde mediados del siglo XIX por los partidarios del arte por el arte) sino como un arte para la vida. Al arte se le confiere ahora la alta misión, ética y estética, de “ser portador de un mensaje sobre los fines últimos del hombre” (G. de Torre).
Surge en oposición al naturalismo e impresionismo, en lo que estas tendencias suponen de intento de reproducción de la realidad aparente de los objetos mediante una copia del natural en el primero o a través de sensaciones ópticas momentáneas de los objetos en el segundo.
Para los expresionistas el proceso del arte no va desde el exterior al interior sino al revés, y que el arte no sería un modo de conocimiento, sino una acción que se ejercita no sobre la naturaleza sino sobre los hombres; es un puente, esto es, una comunicación. El escritor expresionista pretende ir más allá de la realidad aparente ofrecida en la sensación visual; trata de trascenderla, en busca de la esencia o consistencia interior de los objetos. Para lograrlo, dicho escritor aborda esa realidad desde su propio interior, apoyándose en un cambio de posición, cuyas características fueron señaladas por A. Sorgel:
·       del observador frío por el confesor ferviente
·       del hombre lógico por el hombre espiritual
·       del yo por el tú y el nosotros
·       de la retórica por el patetismo
Intenta crear un arte que sea como un grito originario que provoque la emergencia del hombre primitivo, sobrehumano, que anida en la conciencia del lector o espectador. Se trata de lograr una especie de iluminación intuitiva y una visión de la fantasía que se convierta en expresión de la realidad metafísica del hombre y del universo. 
deshumanización
El término que utiliza Ortega y Gasset en su ensayo de 1925, La deshumanización del arte, para caracterizar el arte nuevo, surgido de las vanguardias, al que considera deshumanizado (El poeta empieza donde el hombre acaba), en el sentido de que en él se elude reflejar la realidad de la vida (se pretende, incluso deformarla, romper su aspecto humano y evitar las formas vivas) y la intimidad del artista. 
Se intenta, además crear un mundo (de ultraobjetos) y una vida nuevos, surgidos a través del arte, considerado como juego intrascendente, como poesía pura. 
En definitiva, se trataría de una forma de contemplar e interprertar la realidad y la vida.
Algunos, como Jorge Guillén, consideran injusta y desacertada la interpretación. Otros, como Rafael Alberti, la adoptan como propia de una etapa de su poesía. 
La influencia posterior del surrealismo y el compromiso social y político de algunos de estos escritores, les hace romper con esta deshumanización. Dámaso Alonso, a raíz de la publicación de Espadas como labios (1932), de Vicente Aleixandre, aludía al fenómeno producido entre 1929 y 1932 de que algunos de los poetas tachados de poco humanos estaban volviendo a la “profunda raíz de la inspiración poética, y no eluden el tema directamente personal ni el tono apasionado”. 

Las obras posteriores de Alberti, García Lorca, Aleixandre, etc., son un testimonio de ello. En 1934 aparece un libro que remeda el título de Ortega, firmado por Carlos y Pedro Caba, titulado “La rehumanización del arte”. Ya antes, en 1930 había aparecido El nuevo romanticismo de José Díaz Fernández, donde se postulaba un arte para la vida. 
Tomado del Diccionario de términos literarios, Demetrio Estébanez Calderón